jueves, 5 de diciembre de 2019

El potencial de las enzimas al servicio de la industria

Los investigadores del CONICET María Eugenia Castelli, Andrés Aguirre, Salvador Peirú y Hugo Menzella fundaron la empresa biotecnológica Keclon, que desarrolla y comercializa enzimas y está pronta a inaugurar su propia planta industrial.


Para que una investigación en biotecnología llegue a convertirse en un proyecto de envergadura, como puede ser la creación de una empresa, se deben dar una serie de pasos complejos previos pero por sobre todo debe haber mucha fuerza de voluntad y un convencimiento pleno de que la idea puede funcionar y será sustentable. Con ese horizonte como premisa, Hugo Menzella llevó adelante su proyecto al regresar al país como  investigador repatriado del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET): tenía en sus manos la posibilidad de generar la solución biotecnológica que varias empresas estaban necesitando.

Fue así que se asoció junto a los investigadores María Eugenia Castelli, Andrés Aguirre y Salvador Peirú y, con el asesoramiento de colegas del exterior  y el acompañamiento técnico de la Gerencia de Vinculación Tecnológica del Consejo, formaron la Empresa de Base Tecnológica (EBT) Keclon. La compañía se dedica al desarrollo y comercialización de enzimas con foco en las industrias de aceites comestibles, alimentos, biodiesel, nutrición animal tanto en Latinoamérica como en otros mercados emergentes.

Hoy la empresa está a punto de inaugurar una planta de manufactura de enzimas en San Lorenzo (Santa Fe) y compañías reconocidas como Molinos Agro, Banco Santander de España, Grupo San Miguel, y otras del exterior, son algunas de las que brindan apoyo al proyecto  de Keclon para agregar valor a sus productos y procesos.


La trastienda de un proyecto superador

El camino del equipo hasta llegar a conformar una EBT no fue nada fácil. ¿Cómo llegaron a fundar Keclon siendo investigadores? Precisamente hace nueve años, el Biodiesel se encontraba en pleno auge y se posicionaba como un recurso estratégico en Argentina, al punto de convertir al país en el primer exportador mundial de biodiesel a base de soja. Sin embargo, la industria atravesaba por un escollo: el biodiesel obtenido mediante los métodos tradicionales presentaba problemas de calidad debido a la formación de impurezas durante su proceso de producción, las que a su vez, causaban inconvenientes operativos en la producción y en el funcionamiento de los motores. En conocimiento de esa situación, los investigadores del CONICET, actualmente miembros del  Instituto de Procesos Biotecnológicos y Químicos Rosario (IPROBYQ, CONICET – UNR) -dedicaron sus esfuerzos de investigación a desarrollar un tratamiento enzimático de bajo costo y alta eficiencia para purificar biodiesel.

“Sabíamos que había un problema e intentamos aportar una solución. Básicamente lo que hicimos fue crear un método para purificar biodiesel a través de la utilización de enzimas. Así  caracterizamos la impureza y la degradamos a alta temperatura para finalmente, poder eliminarla”, explica Menzella acerca de su primera etapa como investigador en el CONICET dedicado a la industria del biodiesel.

Esa experiencia fue el puntapié inicial para buscar el primer financiamiento, que llegó de la mano del fondo de inversión Pymar y luego del Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC) a través de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT), y conformar la Empresa de Base Tecnológica.

Ampliar la mirada y diversificar las propuestas

Como toda industria, la del biodiesel no estuvo exenta de los vaivenes económicos del país. Cuando por la incertidumbre de los mercados y cambios en las tasas a la exportación, el interés comercial del combustible mermó, el proyecto de Keclon tuvo un giro en su estrategia.

“Nos dimos cuenta que la empresa no iba a prosperar como esperábamos si sólo seguíamos dedicados al I+D del Biodiesel dado que en nuestro país no hay condiciones constantes. Entonces buscamos la manera de diversificarnos y probamos con enzimas para aumentar la eficiencia de extracción de aceite de soja. Tuvimos muy buenos resultados y el equipo de trabajo se amplió”, comenta Andrés Aguirre.

El tratamiento enzimático de aceites vegetales que la empresa propone es una alternativa al desgomado acuoso convencional de aceites crudos y se basa en una combinación de enzimas exclusivas que proporcionan un incremento del rendimiento de aceite (superior al 2%), menores costos de refinación, y menor cantidad de subproductos, efluentes y residuos a disponer.

El proceso de probada eficacia a escala piloto llegó a oídos del grupo Molinos Agro, uno de los mayores productores de aceite del mundo, que se interesó inmediatamente en poder articular una línea de trabajo en sus plantas industriales de aceite de soja. A partir de ahí la historia de Keclon cambió radicalmente.

El interés del sector privado

Keclon es una de las primeras empresas Argentinas de biotecnología formada por investigadores del CONICET que recibió por parte de capitales privados, inversiones significativas en dólares al punto de proyectar una planta industrial para procesar enzimas.

“Desde su fundación en 2012, más del 90 % del financiamiento de Keclon ha sido aportado por inversores privados. En 2017 se sumaron Santa Fe aceites, Ganagrin y Molinos Agro lo que permitió que ocurrieran muchas cosas: conseguimos financiamiento privado para comprar el terreno, montar la fábrica y equiparnos”, explica la investigadora María Eugenia Castelli.

Las obras de dicha planta están muy prontas a finalizar. En una primera etapa la planta contará con una capacidad de fermentación de 65 mil litros, y posee instalaciones para cuadriplicar esa capacidad.

A la fecha, la empresa ha firmado contratos para suministrar enzimas a clientes tanto nacionales como extranjeros. Su primer cliente e inversor, Molinos Agro, utilizará enzimas para tratar un millón de toneladas de aceite por año. “Hoy tenemos montados los tanques de fermentación donde produciremos las enzimas, así como los equipos para purificarlas. Un ejemplo básico de lo que hacemos en ellos es la enzima que utilizamos para convertir desechos de la industria aceitera en alimento para animales. Esta enzima proviene de un microorganismo que crece en ambientes extremos como volcanes. Nosotros modificamos el gen de esa proteína y lo insertamos en bacterias que crecen rápidamente en fermentadores. De esta manera, esas bacterias aprenden a producir la enzima que sólo se puede encontrar de forma natural en volcanes. A ese organismo híbrido lo metemos en un reactor con medio de cultivo, en el que crece para producir la enzima a escala industrial”, explica Salvador Peirú, uno de los fundadores de la empresa y actual investigador del CONICET.

Desafíos para los investigadores y la importancia de la Propiedad Intelectual

Para cualquier científico “ponerse el saco” de empresario no es fácil: son dos áreas totalmente diferentes. Al respecto, Menzella opina: “Los investigadores generalmente preferimos investigar. Tener en nuestro equipo socios emprendedores con perfil  gerencial desde el arranque hubiera sido clave  ya que interrumpir las funciones de un científico en el momento que acaba de obtener un desarrollo significa para una empresa perder a quien genera su valor para ganar un gerente inexperto. Igualmente pudimos lograrlo y hoy Keclon tiene un management profesional que nos permitirá volver a la ciencia”.

El equipo liderado por Menzella tuvo desde el inicio el apoyo técnico de la Dirección de Vinculación Tecnológica, hoy convertida en Gerencia. Al respecto Verónica Vaccalluzzo, Coordinadora de Ingenierías, Ambiente y Energía, expresa: “Keclon fue un proyecto que vimos nacer cuando era muy poco habitual que un científico quisiera apostar a la creación de una empresa de base tecnológica. Hoy se transformó en una empresa exitosa que cuenta con tecnología e investigadores de CONICET y estamos muy orgullosos de haberlos acompañado en su crecimiento”.

El investigador, a su vez, pondera el tratamiento de protección legal a la investigación y desarrollo. “Los equipos que desarrollan tecnologías necesitan un project manager y un agente de propiedad intelectual full time para explotar su potencial a máximo y capturar el valor que generan.  Tenerlos es caro, pero no tenerlos es carísimo”, expresa y agrega: “Nuestro trabajo es a partir de “descubrimientos”, conocimiento generado por la ciencia básica, o sea lograr “inventar” una solución para un problema. Y la regla número uno es no gastar recursos en reinventar la rueda, lo cual no siempre es sencillo”.

La forma de reducir riesgos al mínimo- explica Menzella-  es realizar un análisis exhaustivo de patentes sobre el tema antes de iniciar cualquier proyecto, seguido de un monitoreo permanente del estado de la técnica durante el desarrollo del mismo, y en cada milestone redactar y presentar la aplicación de patente correspondiente para capturar el valor creado.

“Para que una empresa como Keclon llegue al mercado se necesitan importantes inversiones privadas en dólares. Sin patentes hubiera  sido imposible obtener ese financiamiento”, enfatiza al cerrar la nota.

Fuente: CONICET