jueves, 20 de julio de 2017

Antártida submarina: un mundo de sorpresas

Científicos cordobeses encontraron que en el fondo del mar, donde hace pocos años sólo había hielo, existe una gran diversidad de animales, contra todos los supuestos teóricos.


Debido al calentamiento global la temperatura viene aumentando significativamente en el planeta, pero hay dos o tres lugares puntuales en el mundo donde el aumento ha sido más evidente. Uno de esos es la Península Antártica, donde este proceso provocó una creciente pérdida de hielo, incluyendo el retroceso de la mayoría de los glaciares costeros.

“Particularmente, el glaciar Fourcade que rodea Caleta Potter -donde se encuentra la Base Científica Argentina Carlini desde la cual se realizó este estudio- ha mostrado una progresiva retracción en los últimos años. Esto afectó las características hidrográficas, aumentó la cantidad de sedimento en la columna de agua y provocó cambios en las comunidades del fondo del mar. Además, habilitó nuevas áreas libres de hielo disponibles para la colonización por parte de los organismos marinos”, explica Cristian Lagger, becario pos doctoral del CONICET en el Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA, CONICET-UNC).

El grupo integrado por Lagger –entre otros becarios e investigadores del CONICET- y dirigido por Ricardo Sahade y Marcos Tatián, investigadores independientes del CONICET en el IDEA, trabaja desde hace más de 20 años en esa región, buceando en esas heladas aguas y registrando los cambios que se producen. En un trabajo recientemente publicado en la revista Ecography, los investigadores encontraron que en una isla rocosa que quedó al descubierto por el retroceso de un glaciar existe gran diversidad y altas abundancias de fauna bentónica -animales que viven en el fondo del mar.

“Esto es algo totalmente inesperado si se tiene en cuenta que la nueva isla estuvo libre de hielo durante sólo seis años ya que los procesos ecológicos en Antártida -colonización, sucesión y crecimiento, entre otros- son, supuestamente, mucho más lentos que en los mares templados o tropicales”, asegura Lagger. Esto puede deberse a un crecimiento vertiginoso de las comunidades, por razones desconocidas, o también es posible que se hayan desarrollado debajo del glaciar, antes de su retroceso. Definir qué ocurrió será el próximo paso a investigar pero, en cualquier caso, son procesos que hasta ahora han sido muy poco estudiados en Antártida.

“La Antártida es un continente que está cubierto casi en su totalidad por hielo –cerca de un 98 por ciento-, por lo que constituye la reserva de hielo y agua dulce más grande del mundo. Cuando un glaciar se derrite genera cursos de agua que arrastran material del suelo hasta el mar, llevando un montón de sedimento, que es material inorgánico de origen terrestre. Eso termina en el agua, modifica hasta su color y dificulta el ingreso de la luz solar. Entonces la producción primaria representada por fitoplancton es baja, lo que determina en definitiva que haya poco alimento para el resto de los organismos”, explica Marcos Tatián.

“De hecho, en un trabajo anterior publicado en 2015, pudimos determinar cómo un aumento del sedimento produjo cambios en la estructura de las comunidades que viven en el fondo del mar”, agrega Sahade En el mismo sentido Luciana Torre – investigadora asistente del CONICET en el IDEA- y Natalia Servetto -becaria pos doctoral del CONICET en el IDEA- estudiaron diferentes especies, como por ejemplo corales, y su reacción frente al aumento de sedimento. “Encontramos en grandes abundancias especies que se suponían muy sensibles al sedimento, aún en esa zona cercana al ingreso de material, que está más afectada” explica Torre. 

Más sorpresas en la Antártida

Además de ser uno de los puntos donde más ha aumentado la temperatura a nivel global y de presentar un aumento inesperado de biomasa en el sector estudiado, los investigadores encontraron indicios de que se estaría dando un fenómeno que contribuiría a contrarrestar el calentamiento global.

El cambio climático tiene retroalimentación positiva en la mayor parte de los lugares del planeta, o sea que los procesos generados por este fenómeno, a su vez, lo incrementan. “Sólo existen dos procesos a gran escala que podrían generar una retroalimentación negativa. La primera es la extensión de los bosques en la tundra: el cambio climático favorece su crecimiento a través de la mayor cantidad de días cálidos por lo que el hielo retrocede hacia el norte, se incrementa la biomasa vegetal que captura más dióxido de carbono del ambiente en el suelo, quedando como carbono orgánico”, describe Sahade.

El segundo es en la Antártida: “Cuando el hielo retrocede se generan espacios donde se puede establecer nueva flora y fauna, lo que implica que se toma carbono del aire y se lo fija en el océano. Estos procesos y estas velocidades que vimos, significaría que el potencial en la Antártida estaría en el segundo lugar del planeta como un proceso de retroalimentación negativa frente al cambio climático”, agrega el investigador.

Sin embargo los científicos recalcan que, por otro lado, ese derretimiento afecta negativamente la biomasa existente y se desconoce qué tendrá mayor peso, si la pérdida o la ganancia que se genera. “Tanto los resultados obtenidos, como el estudio de estos nuevos procesos, requieren de un estudio sistemático y sostenido. En nuestro caso, fueron más de veinte años estudiando la región gracias a una política científica continuada y sostenida por el Instituto Antártico Argentino y los organismos de Ciencia y Tecnología como el CONICET y el MINCyT, por lo tanto creemos que es definitivamente importante continuar en este camino”, concluye Sahade.

Fuente: CONICET